viernes, 27 de octubre de 2017

Bienaventuranzas del mundo

Dijo el falso profeta:

Felices los Ricos porque ellos lo tienen todo y poseen la tierra…
Y dijo el dios Tener: Si quieres venir tras de mi, ve,… acumula todo lo que puedas, no lo compartas con nadie y sígueme. Nunca estarás solo, tendrás muchos amigos y nada te faltará. Quien más tienen más vale.

Felices los Conformistas porque todo os va bien y nadie tienen que consolaros…
Y dijo el dios Comodidad: Si quieres seguirme, ve y prueba de todo un poco pero sin comprometerte con nada ni con nadie. No seas creativo, no te comas el coco, adáptate a lo que hay. Puedes hacer lo que quieras pero sin mojarte, incluso celebrar la Eucaristía…, no soy un dios celos; eso sí –y en esto soy muy exigente- que estar cómodo sea lo más importante de tu vida.

Felices los Poderosos, los trepas, ya que ellos hacen lo que les da la gana sin que nadie les vacile.
Y dijo el dios Poder: Ve… pisa a quien puedas, haz la pelota, miente, machaca con tu crítica y créetelo… ¡eres el mejor!. Pásaselo por delante de la cara a los demás. ¡Ah! Y de vez en cuando haz algo bueno. Perdona a alguien la vida, pero eso sí, díselo a todo el mundo que has sido tú, no vayan a pensar que pasas de los demás.

Felices los superficiales, los que viven de apariencias dando el pego, porque siempre estáis de moda.
Y dijo el dios Masa: Ve, disuélvete en el mogollón, ponte las marcas que te diga, da como puedas culto al cuerpo. No preguntes el porqué de las cosas, si todo el mundo lo hace no hay duda que está bien. ¡Ah! Y algo muy importante: señala con el dedo a quien no me siga. No te compliques en ser, yo seré por ti.

Felices los fríos de corazón, porque nadie os la pega.
Y dijo el dios Yo: Ve, desconfía de todos, especialmente de los pobres, aprovéchate de ellos. No ames, pues el amor roba tu intimidad. No dejes que entre nadie en tu vida. Tú mejor utiliza las personas y siempre serás libre. Date cuenta de lo mucho que te ofrezco…
Mi precio no te lo vas a creer; es la monotonía y la depresión. Pero eso sí, no se lo digas a nadie.

Felices vosotros cuando os aplaudan y os admiren. Alegraos porque será grande vuestro prestigio y la fama estará siempre con vosotros. Bien os habéis ganado la recompensa. Benditos vosotros porque vuestro es el éxito en el reino de la tierra. Amén. 

Salmo del discípulo que quiere anunciar a Cristo


Aquí estamos, Señor, como tus discípulos en Galilea.
Aquí estamos, Señor, respondiendo a tu llamada.
Aquí estamos, Señor, porque nuestro gozo eres tú.
Aquí estamos, Señor, queremos ser anunciadores de tu Reino.
Aquí estamos, Señor, con la confianza puesta en ti.

Como los discípulos en Galilea...
nuestro deseo es salir a tu encuentro,
porque en medio de nuestra vida
tú ocupas siempre un lugar importante.

Respondiendo a tu llamada...
porque a ti no se te puede decir que no,
porque en nuestra respuesta encontramos el gozo.
Aquí nos tienes, puedes contar con nosotros.
No sabemos si sabremos hacerlo como tú deseas,
pero sabes que la ilusión no nos falta.

Porque nuestro gozo eres tú...
Quien te descubre ya no puede vivir como antes;
quien te ha visto, ya no puede negarte;
quien te ha sentido, ya no puede olvidarte.
Tú eres nuestro gozo,
porque te hemos visto, sentido y descubierto.
Tú eres nuestro gozo,
porque eres la perla preciosa, el tesoro escondido.
Tú eres nuestro gozo,
porque toda nuestra vida tiene sentido desde tu presencia.
Queremos ser anunciadores de tu Reino...
porque te hemos sentido cerca;
porque ahora sabemos qué es lo bueno, lo perfecto;
porque cuando algo tan grande como tú se descubre,
ya no es posible guardar silencio.
Aquí estamos,
porque sabemos que nos necesitas,
y te ofrecemos lo mejor que tenemos, nuestra propia vida,
para que sea instrumento al servicio de tu Reino.

Con la confianza puesta en ti...
Sabemos que no debemos poner toda la confianza
en nuestras propias fuerzas, sino en las tuyas.
Por eso acudimos a ti,
porque si nos falta valentía, tú nos darás coraje;
porque si nos falta fe, tú nos la aumentarás;
porque si nos falta el ánimo, tú nos darás la paciencia;
porque contigo, Señor, cualquier cosa es posible.

lunes, 16 de octubre de 2017

Perfil del misionero

  • El Misionero es una persona enamorada del Reino, que ve y gusta la acción de Dios en los pueblos y culturas. Tiene  una profunda espiritualidad misionera, es el hombre de las bienaventuranzas. 
  • Se siente enviado, como Jesús lo fue del Padre, realizando el proyecto de Dios en medio de los hombres.
  • Está formado según el Magisterio de la Iglesia. 
  • Está preparado y entrenado por su formación a trabajar en equipo, con sentido de comunión y de participación.
  • Tiene también, en vista a su trabajo misionero específico, una preparación cultural adecuada.
  • Es capaz de arriesgarse. Va a donde otros no se animan a ir.
  • Opta con decisión privilegiando los grupos humanos y lugares más difíciles, donde todavía no ha penetrado el mensaje de Cristo, o ha penetrado en forma insuficiente. No le asusta partir más allá de las fronteras.
  • Sabe hacer un buen análisis de la realidad, con un profundo sentido humano.
  • Está dispuesto a caminar y respetar el ritmo de la gente, con mucho sentido de adaptación.
  • Es un agente válido para la promoción humana, y su servicio es gratuito.
  • Su conciencia misionera es tan amplia como el mundo, está abierto a otras culturas y a renovarse constantemente frente  a la novedad y al cambio que las situaciones y la gente exigen.
  • Procede con discreción y humildad, no pretende ser siempre protagonista. Le da a cada uno su propio lugar.
  • Es una persona de  buen corazón, portador de consuelo, reflexivo sobre la realidad a la que va encaminado a trabajar, comunitario, fraternal, capaz de dar el testimonio que el mundo espera. Su vida es coherente con la fe que anuncia y proclama.
  • Descubre con su sensibilidad misionera las necesidades de integrar esta dimensión en todos los aspectos de la vida cristiana y eclesial.
  • Sabe ser también animador misionero de su propia Iglesia de origen, ayudándola a abrirse a la Iglesia universal.
  • Tiene como un sentido y un instinto de “éxodo” y de “itinerancia” al estilo de Abraham y del Pueblo de Dios peregrino
  • Es alegre para servir.

Vivir según el Espíritu



Tú mismo, como creyente y como evangelizador eres obra del Espíritu. Sin su fuerza no se mantendría tu fe; sin su convicción, no serías capaz de manifestarte como creyente, sin miedos, y como colaborador en su tarea.

Si no fuera porque el Espíritu te da valentía, no te atreverías a tomar parte activa en “los duros trabajos del Evangelio”. Tú mismo puedes ser testigo de que en tu propia vida se ha cumplido con frecuencia la promesa de Jesús: “El Espíritu os sugerirá lo que tenéis que decir”. Más allá del trabajo pastoral de cada semana, acostúmbrate a contemplarte a ti mismo como “obra del Espíritu en favor de los demás”.

Un evangelizador sin la vida del Espíritu es una pura contradicción. “Vivir según el Espíritu” es el proyecto de vida para hacer fecunda la tarea evangelizadora.

Lo importante es lo que me mueve


“El Espíritu del Señor está sobre mí… Él me ha ungido y me ha enviado”. Como evangelizador compartes esta misma conciencia de Jesús. El mismo Espíritu que ungió y envió a Jesús te ha ungido también a ti y te ha enviado.

No te quedes ahí, atrévete a responder al envío. Cuando escuchas que el Señor te dice: “ve y dile a mis hermanos…” te ocurre lo que a todos los enviados: tienes miedo; y también se te ocurre pensar: “pero, ¿quién soy yo…?” Y más aún en tu colegio, donde la gente te conoce…, y te agarra por dentro eso que llamamos “el respeto humano”, el “qué dirán”.

Es verdad, muchos van a decir: “pero, ¿quién es éste?”, “¿qué se ha creído?”. También lo dijeron de Jesús sus paisanos, y hasta “se escandalizaron de Él”. Si Jesús hubiera hecho caso al que dirán” no hubiera pasado de ser un buen carpintero de Nazaret.

Feliz el hombre que se deja guiar por el Espíritu de Dios.


Feliz el hombre y la mujer
que se sabe en camino
y sin dar cabida en su corazón a estériles fantasías
se enfrenta cada día con su propia realidad

Feliz el hombre y la mujer
que no se considera desprovisto de dones
y cultivándolos delicadamente
se abre a la llamada del amor, a la llamada de Dios.

Feliz el hombre y la mujer
que se reconoce necesitado y hambriento
de un más allá que supere los límites de su yo posesivo.

Feliz el hombre y la  mujer
que huye de las respuestas prefabricadas,
de los modos y las modas impuestas
y busca, aunque se sienta solo e incomprendido,
la verdad que libera de toda rutina,
de todo aburrimiento,
de todo sin-sentido,
de todo aquello que le invita a desperdiciar su vida.

Feliz el hombre y la mujer
que cultiva las raíces de la fraternidad universal
y acepta que su vida será más bella y fecunda
si comparte sus dones con los más pobres de la tierra.

Estos hombres, estas mujeres
serán luz en la historia de los hombres;
y los miedos, vacíos y desesperanzas serán vencidos
por la fuerza de su entrega,
por la fuerza de su amor.

Instrumentos del Espíritu Santo


No debes, relacionar el misterio del Reino de Dios y la Iglesia, que lo anuncia y lo realiza, con ninguna especie de artes mágicas y ocultas. “Misterio” significa que el origen y la meta de lo que somos y de lo que hacemos en la Iglesia es Dios.

El misterio te abre a la iniciativa de Dios: Él ha enviado a su Hijo, para hacernos a todos hijos suyos y hermanos los unos de los otros. Mediante el Espíritu Santo, Dios hace que pueda ser verdad esta filiación, esta fraternidad también, hoy, para nosotros. Por eso decimos que el Espíritu Santo es el primer evangelizador. Sin su trabajo interior en la vida de la gente, toda nuestra tarea evangelizadora sería inútil.

El Espíritu de Jesús es el que “mueve” y “convierte” los corazones para que crean. Cuando tú llegas a alguien, el Espíritu ya ha llegado antes. En toda nuestra tarea evangelizadora somos instrumentos del Espíritu Santo.

El Señor de la vida guía mis pasos


Enséñame a ir a ese país
que está más allá de las palabras y de los nombres propios…

Necesito que tú me guíes.
Necesito que mi corazón se mueva bajo tu impulso.
Necesito que mi vida se purifique en tu presencia.
Necesito que fortalezcas mi voluntad.
Necesito que tú llenes mi vida.

Te necesito
para todos aquellos que sufren,

Te necesito
para los encarcelados,

Te necesito
para los hambrientos,

Te necesito
para quienes están en peligro,

Te necesito
para los cansados,

Te necesito
para los que no conocen la gracia de tu salvación.

Porque sin ti nada puedo.
Porque sin ti nada soy.
Y el mundo,
Tú lo has dicho,
necesita mi entrega,
necesita mi amor,
me necesita a mi.

Cuento contigo, Señor.

viernes, 6 de octubre de 2017

Vivir el 27 domingo de TO, Ciclo A

MATEO 21, 33-43
- Escuchad otra parábola:
Había una vez un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó la torre del guarda (Is 5,1-7), la arrendó a unos labradores y se marchó al extranjero. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus siervos para percibir de los labradores los frutos que le correspondían. Los labradores agarraron a los siervos, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. Envió entonces otros siervos, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les envió á su hijo, diciéndose: "A mi hijo lo respetarán". Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: - Éste es el heredero: venga, lo matamos y nos quedamos con su herencia. Lo agarraron, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. - Vamos a ver, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores? Le contestaron: - Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará su viña a otros que le entreguen los frutos a su tiempo. Jesús les dijo: - ¿Nunca habéis leído en la Escritura? La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho: ¡Qué maravilla para los que lo vemos! (Sal 118,22-23).  Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos.

CRISIS RELIGIOSA

La parábola de los «viñadores homicidas» es un relato en el que Jesús va descubriendo con acentos alegóricos la historia de Dios con su pueblo elegido. Es una historia triste. Dios lo había cuidado desde el comienzo con todo su cariño. Era su «viña preferida». Esperaba hacer de ellos un pueblo ejemplar por su justicia y su fidelidad. Sería una «gran luz» para todos los pueblos.
Sin embargo, aquel pueblo fue rechazando y matando uno tras otro a los profetas que Dios les iba enviando para recoger los frutos de una vida más justa. Por último, en un gesto increíble de amor, les envió a su propio Hijo. Pero los dirigentes de aquel pueblo terminaron con él. ¿Qué puede hacer Dios con un pueblo que defrauda de manera tan ciega y obstinada sus expectativas?
Los dirigentes religiosos que están escuchando atentamente el relato responden espontáneamente en los mismos términos de la parábola: el señor de la viña no puede hacer otra cosa que dar muerte a aquellos labradores y poner su viña en manos de otros. Jesús saca rápidamente una conclusión que no esperan: «Por eso yo os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se le entregará a un pueblo que produzca frutos».
Comentaristas y predicadores han interpretado con frecuencia la parábola de Jesús como la reafirmación de la Iglesia cristiana como el «nuevo Israel» después del pueblo judío, que, con la destrucción de Jerusalén el año 70, se ha dispersado por todo el mundo.
Sin embargo, la parábola está hablando también de nosotros. Una lectura honesta del texto nos obliga a hacernos graves preguntas: ¿estamos produciendo en nuestros tiempos «los frutos» que Dios espera de su pueblo: justicia para los excluidos, solidaridad, compasión hacia los que sufren, perdón...?
Dios no tiene por qué bendecir un cristianismo estéril del que no recibe los frutos que espera. No tiene por qué identificarse con nuestra mediocridad, nuestras incoherencias, desviaciones y poca fidelidad. Si no respondemos a sus expectativas, Dios seguirá abriendo caminos nuevos a su proyecto de salvación con otras gentes que produzcan frutos de justicia.
Nosotros hablamos de «crisis religiosa», «descristianización», «abandono de la práctica religiosa»... ¿No estará Dios preparando el camino que haga posible el nacimiento de una Iglesia menos poderosa, pero más evangélica; menos numerosa, pero más entregada a hacer un mundo más humano? ¿No vendrán nuevas generaciones más fieles a Dios que nosotros?
José Antonio Pagola

miércoles, 4 de octubre de 2017

Hermana Tierra - Laura Pausini


Oración por nuestra tierra (4 de Octubre)

Dios omnipotente, que estás presente en todo el universo
y en la más pequeña de tus criaturas, Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe,
derrama en nosotros la fuerza de tu amor para que cuidemos la vida y la belleza.
Inúndanos de paz, para que vivamos como hermanos y hermanas sin dañar a nadie. Dios de los pobres, ayúdanos a rescatar a los abandonados y olvidados de esta tierra que tanto valen a tus ojos.
Sana nuestras vidas, para que seamos protectores del mundo y no depredadores, para que sembremos hermosura y no contaminación y destrucción.
Toca los corazones de los que buscan sólo beneficios a costa de los pobres y de la tierra.
Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa, a contemplar admirados, a reconocer que estamos profundamente unidos con todas las criaturas en nuestro camino hacia tu luz infinita.
Gracias porque estás con nosotros todos los días.
Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha por la justicia, el amor y la paz.
Papa Francisco

sábado, 30 de septiembre de 2017

Vivir el 26 domingo de TO, Ciclo A

MATEO 21, 28-32
A ver, ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero diciéndole: «Hijo, ve hoy a trabajar en la viña».  Le contestó: «No quiero»; pero después sintió remordimiento y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Este contestó: «Por supuesto, señor», pero no fue. ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad del padre? Contestaron ellos: - El primero. Jesús les dijo: - Os aseguro que los recaudadores y las prostitutas os llevan la delantera para entrar en el reino de Dios.  Porque Juan os enseñó el camino para ser justos y no le creísteis; en cambio, los recaudadores y las prostitutas le creyeron. Pero vosotros, ni aun después de ver aquello habéis sentido remordimiento ni le habéis creído.

POR DELANTE DE NOSOTROS
Mt 21, 28-32
Un día, Jesús pronunció estas duras palabras contra los dirigentes religiosos de su pueblo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas entrarán antes que vosotros en el reino de Dios». Hace unos años pude comprobar que la afirmación de Jesús no es una exageración.
Un grupo de prostitutas de diferentes países, acompañadas por algunas Hermanas Oblatas, reflexionaron sobre Jesús con la ayuda de mi libro Jesús. Aproximación histórica. Todavía me conmueve la fuerza y el atractivo que tiene Jesús para estas mujeres de alma sencilla y corazón bueno. Rescato algunos de sus testimonios.
«Me sentía sucia, vacía y poca cosa, todo el mundo me usaba. Ahora me siento con ganas de seguir viviendo, porque Dios sabe mucho de mi sufrimiento […] Dios está dentro de mí. Dios está dentro de mí. Dios está dentro de mí. ¡Este Jesús me entiende…!».
«Ahora, cuando llego a casa después del trabajo, me lavo con agua muy caliente para arrancar de mi piel la suciedad y después le rezo a este Jesús porque él sí me entiende y sabe mucho de mi sufrimiento […] Jesús, quiero cambiar de vida, guíame, porque tú solo conoces mi futuro».
«Yo pido a Jesús todo el día que me aparte de este modo de vida. Siempre que me ocurre algo yo le llamo y él me ayuda. Él está cerca de mí, es maravilloso […] Él me lleva en sus manos, él carga conmigo, siento su presencia».
«En la madrugada es cuando más hablo con él. Él me escucha mejor, porque en este horario la gente duerme. Él está aquí, no duerme. Él siempre está aquí. A puerta cerrada me arrodillo y le pido que merezca su ayuda, que me perdone, que yo lucharé por él».
«Un día, yo estaba sentada en la plaza y dije: “Oh, Dios mío, ¿será que yo solo sirvo para esto? ¿Solo para la prostitución?” […] Entonces es el momento en que más sentí a Dios cargando conmigo, ¿entendiste?, transformándome. Fue en aquel momento. Tanto que yo no me olvido. ¿Entendiste?».
«Yo ahora hablo con Jesús y le digo: aquí estoy, acompáñame. Tú viste lo que le sucedió a mi compañera [se refiere a una compañera asesinada en un hotel]. Te ruego por ella y pido que nada malo les suceda a mis compañeras. Yo no hablo, pero pido por ellas, pues ellas son personas como yo».
«Estoy furiosa, triste, dolida, rechazada, nadie me quiere, no sé a quién culpar, o sería mejor odiar a la gente y a mí, o al mundo. Fíjate, desde que era niña yo creí en ti y has permitido que esto me pasara. Te doy otra oportunidad para protegerme ahora. Bien, yo te perdono, pero, por favor, no me dejes de nuevo».
¿Qué misterio se encierra en Jesús para tener ese poder en el corazón de las personas? Cómo cambiaría la vida de muchos si le conocieran mejor.

José Antonio Pagola

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Comienza el "OCTUBRE MISIONERO"

Octubre es un mes dedicado especialmente a la misión universal. Se ha elegido este mes como el Mes Misionero, puesto que el descubrimiento de América, abrió las puertas de la evangelización a una nueva época, en la que cobraría un impulso y una fuerza inusitada, permitiendo la llegada del Evangelio a una inmensa cantidad de hombres y mujeres que habitan hoy el suelo americano. El 2º domingo de Octubre se celebra la Jornada Mundial de las Misiones, popularizada con el nombre de DOMUND  o Domingo Mundial de las Misiones. 

Orar para vivir en la justicia

Jesús
maestro bueno, enséñame el camino para vivir solidariamente.
Ayúdame a convertir mi corazón duro
en un corazón sensible y cercano a los que sufren.
Enséñame a ver el dolor, el sufrimiento,
y las necesidades de los demás.
Dame la sencillez necesaria para conmoverme
frente al prójimo y acudir en su ayuda.
Que no sea mezquino en mi entrega,
que aprenda a dar todo lo que tengo:
mis cosas, mi tiempo, mi esfuerzo,
mi vida entera para que otros vivan más y mejor.
Ayúdame a tener compasión, que no es lástima,
sino solidaridad activa y compromiso con el otro.
Sentir con el otro, padecer con él,
movilizarse desde adentro para ir a su encuentro.
Dejar los propios intereses, para atender lo de los otros.
Aprender a dar, antes que pedir y que recibir.
Enséñame a ser solidario.
A vivir el amor de verdad y a construir
la justicia y el Reino.
Enséñame a compartir todo lo que tengo.
Ayúdame a liberarme de todo lo que me ata
y me impide ser generoso con los demás.
Ayúdame a dedicar tiempo a atender a los que sufren
y a los que necesitan.

Enséñame a descubrir tu rostro en el que pasa hambre,
o sufre sed o frío, o está desnudo, enfermo o en la cárcel.
Enséñame a verte en los despojados
que viven al lado del camino en nuestra sociedad de hoy.
En los enfermos, en los que tienen sida,
en los que se drogan, en los chicos de la calle,
en los ancianos que están solos, en los que no tienen trabajo,
en los excluidos por nuestra injusta sociedad.

(Marcelo A. Murúa)

El que ama la libertad no ama una vida cómoda


Se pronuncia la palabra «libertad» e inmediatamente algunos piensan: «Puedo hacer lo que quiera»; o, incluso, «puedo hacer lo que me da la gana»
Se pronuncia la palabra «libertad» e inmediatamente otros piensan: «éstos tienen la intención de hacer algo malo».

Y, Jesús, toma la palabra y dice:

«Si os mantenéis en mi Palabra seréis mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres»
(Jn. 8, 31)

Y, desde entonces, es verdaderamente libre, no quien hace lo que le parece, sino aquel que logra renunciar a todo aquello que le impide ser él mismo y logra elegir el camino que le lleva a la plenitud. La libertad es inseparable de la vocación personal, de la voz que con fuerza Dios pronuncia en lo más hondo de nuestro ser.

La verdadera libertad comienza aquí: dándome cuenta de que soy llamado, de que soy requerido para ser fiel a mi mismo, para ser fiel al proyecto de vida buena y bella que Dios, al crearme, pensó para mi.

Por eso, la libertad no es apetencia, ni camino desviado. Es vocación de fidelidad. Piensen lo que quieran los superficiales: el que ama la libertad ama un camino difícil. No busca soluciones fáciles. Al contrario, reivindica, defiende, una incómoda responsabilidad: mantener la fidelidad a la Verdad.

El camino de la libertad es duro porque asume y defiende siempre la verdad. Y a esto se debe añadir que muchas veces los demás hacen que este camino sea más difícil aún. Hay una especie de cruel oposición a la vida del hombre y la mujer que luchan por su libertad.

Señor, que nadie ni nada me separe de tu verdad; que sepa renunciar a todo aquello que me impide ser fiel a la voz que tu pronuncias en mi interior; que aprenda, con paciencia, a recorrer las sendas de la libertad para que mi vida sea fuente de luz, sea fuente de amor para los demás.

La ratonera (P. Coelho)


Con gran preocupación vio el ratón que el dueño de la hacienda había comprado una ratonera: ¡había decidido matarlo! Comenzó a alertar a todos los otros animales: – ¡Cuidado con la ratonera! ¡Cuidado con la ratonera! 
La gallina, al oír los gritos, le dijo que se callara: –Mi querido ratón, sé que para ti eso es un problema, pero a mí no me puede afectar en absoluto. Así que no armes tanto escándalo. 
El ratón fue a hablar con el cerdo, que, al ver su sueño interrumpido, se sintió molesto. – ¡Hay una ratonera en la casa! 
–Entiendo tu preocupación, y me solidarizo contigo –respondió el cerdo–. Por lo tanto, te prometo que te tendré presente en mis oraciones esta noche; más no puedo hacer por ti. 
Más solitario que nunca, el ratón fue a pedir ayuda a la vaca. –Mi querido ratón, ¿qué tengo yo que ver con eso? ¿Has visto alguna vez que una vaca haya muerto en una ratonera? 
Al ver que no conseguía la solidaridad de nadie, el ratón volvió a su casa de la hacienda, se escondió en su agujero y se pasó la noche entera en vela, con miedo de que le sucediese una tragedia. Durante la madrugada se oyó un barullo: ¡la ratonera acababa de atrapar algo! 
La mujer del hacendado bajó a ver si había muerto el ratón. Como estaba oscuro, no vio que lo que había caído en la trampa era una serpiente venenosa. Cuando se acercó, la serpiente la mordió. El hacendado, al oír los gritos de la mujer, se levantó y la llevó inmediatamente al hospital. Allí recibió tratamiento y después volvió a casa. Sin embargo, seguía con fiebre. Como sabía que no hay mejor remedio para el enfermo que un buen caldo, el hacendado mató a la gallina. 
La mujer empezó a recuperarse, y como los dos eran muy queridos en la región, los vecinos acudieron a visitarlos. Ante tal demostración de cariño, el hacendado, agradecido, mató al cerdo para poder ofrecer una comida a sus amigos. 
Finalmente, la mujer terminó de recuperarse, pero los costes del tratamiento habían sido muy altos. El hacendado tuvo que llevar su vaca al matadero para pagar, con el dinero recaudado con la venta de la carne, todos los gastos.
El ratón, testigo de todo, no dejaba de pensar: «Y bien que se lo advertí. ¿No habría sido mejor si la gallina, el cerdo y la vaca hubiesen comprendido que el problema de uno de nosotros nos pone a todos en peligro?»

domingo, 24 de septiembre de 2017

Vivir el 25 domingo de TO, Ciclo A

MATEO 20, 1-16
Porque el reinado de Dios se parece a un propietario que salió al amanecer a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en el jornal de costumbre, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: - Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo que sea justo. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Saliendo a última hora, encontró a otros parados y les dijo: - ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: - Nadie nos ha contratado. Él les dijo: - Id también vosotros a la viña. Caída la tarde, dijo el dueño de la viña a su encargado: - Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Llegaron los de la última hora y cobraron cada uno el jornal entero. Al llegar los primeros pensaban que les darían más, pero también ellos cobraron el mismo jornal por cabeza.  Al recibirlo se pusieron a protestar contra el propietario: - Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos cargado con el peso del día y el bochorno. Él repuso a uno de ellos: - Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en ese jornal?  Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último lo mismo que a ti.  ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera con lo mío?, ¿o ves tú con malos ojos que yo sea generoso? Así es como los últimos serán primeros y los primeros últimos.

NO DESVIRTUAR LA BONDAD DE DIOS

A lo largo de su trayectoria profética, Jesús insistió una y otra vez en comunicar su experiencia de Dios como «un misterio de bondad insondable» que rompe todos nuestros cálculos. Su mensaje es tan revolucionario que, después de veinte siglos, hay todavía cristianos que no se atreven a tomarlo en serio.
Para contagiar a todos su experiencia de ese Dios bueno, Jesús compara su actuación con la conducta sorprendente del señor de una viña. Hasta cinco veces sale él mismo en persona a contratar jornaleros para su viña. No parece preocuparle mucho su rendimiento en el trabajo. Lo que quiere es que ningún jornalero se quede un día más sin trabajo
Por eso mismo, al final de la jornada, no les paga ajustándose al trabajo realizado por cada grupo. Aunque su trabajo ha sido muy desigual, a todos les da «un denario»: sencillamente, lo que necesitaba cada día una familia campesina de Galilea para poder sobrevivir.
Cuando el portavoz del primer grupo protesta porque ha tratado a los últimos igual que a ellos, que han trabajado más que nadie, el señor de la viña le responde con estas palabras admirables: «¿Vas a tener envidia porque yo soy bueno?». ¿Me vas a impedir con tus cálculos mezquinos ser bueno con quienes necesitan su pan para cenar?
¿Qué está sugiriendo Jesús? ¿Es que Dios no actúa con los criterios de justicia e igualdad que nosotros manejamos? ¿Será verdad que Dios, más que estar midiendo los méritos de las personas, como haríamos nosotros, busca siempre responder desde su bondad insondable a nuestra necesidad radical de salvación?
Confieso que siento una pena inmensa cuando me encuentro con personas buenas que se imaginan a Dios dedicado a anotar cuidadosamente los pecados y los méritos de los humanos, para retribuir un día exactamente a cada uno según su merecido. ¿Es posible imaginar un ser más inhumano que alguien entregado a esto desde toda la eternidad?
Creer en un Dios Amigo incondicional puede ser la experiencia más liberadora que se pueda imaginar, la fuerza más vigorosa para vivir y para morir. Por el contrario, vivir ante un Dios justiciero y amenazador puede convertirse en la neurosis más peligrosa y destructora de la persona.
Hemos de aprender a no confundir a Dios con nuestros esquemas estrechos y mezquinos. No hemos de desvirtuar su bondad insondable mezclando los rasgos auténticos que provienen de Jesús con trazos de un Dios justiciero tomados de aquí y de allá. Ante el Dios bueno revelado en Jesús, lo único que cabe es la confianza.

José Antonio Pagola